El Impuesto sobre la renta de las Personas Físicas es, como su nombre indica, un impuesto que el Estado cobra a todas aquellas personas que perciben ingresos y que residen en España o que son contribuyentes en este país.
Para hacer tu declaración renta, necesitas saber qué es el IRPF. Así que si tienes dudas al respecto, en este artículo te explicamos los conceptos más relevantes. Y recuerda que siempre puedes contar con nosotros para que te ayudemos.
La reclamación económico-administrativa es un procedimiento gratuito para impugnar decisiones de Hacienda cuando crees que se han equivocado. Tienes 1 mes desde la notificación para presentarla, no necesitas abogado y la resuelve un tribunal independiente. Debes explicar claramente tu caso, aportar pruebas y ser específico en lo que pides. Aunque debería resolverse en 1 año, suele tardar más. Si te deniegan la reclamación, puedes seguir reclamando por otras vías. Es tu derecho como contribuyente y puede ahorrarte mucho dinero.
¿Sabes qué es realmente el IRPF y por qué lo pagas cada mes en tu nómina? Hoy te explicamos de forma clara y sencilla cómo funciona este impuesto clave para tu bolsillo.
El IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) es el tributo más importante del sistema fiscal en España. Se basa en tres principios fundamentales: progresividad, generalidad y capacidad económica. Es decir, cuanto más ganas, más pagas; y todos contribuimos en función de lo que ingresamos.
🧠 Cuanto mayor sea la renta o los ingresos que percibas, mayor será también el impuesto a pagar, básicamente.
¿Dónde se aplica el IRPF?
Este impuesto se aplica en todo el territorio nacional, pero cada comunidad autónoma puede establecer sus propias deducciones específicas. Por eso, antes de presentar tu declaración de la renta, es clave revisar estas ventajas fiscales. Así podrías reducir lo que te toca pagar o incluso recuperar parte de lo adelantado.
¿Por qué hablamos de «impuestos adelantados»?
Porque el IRPF se descuenta directamente de tu nómina o de otras rentas como autónomo. Es un anticipo que haces a Hacienda. Esto permite financiar servicios públicos y garantiza que todas las personas cumplan con sus responsabilidades fiscales.
Todas las que están recogidas en el modelo 100, el formulario oficial que debes presentar cada año. Estas son:
¿Quién tiene que hacer la declaración?
Todas las personas que residan en España o obtengan ingresos en territorio español, aunque vivan en el extranjero. Si es tu caso, tendrás que incluir todo lo que has ingresado durante el año fiscal.
💡 Recuerda: si ya te han aplicado retenciones en tu nómina, puede que Hacienda te devuelva dinero si has pagado de más.
En ese caso, el resultado de tu declaración será positivo (a pagar). Es decir, deberás abonar la diferencia para ponerte al día con Hacienda.
Cabe destacatar que el IRPF es el principal tributo que existe en el sistema fiscal español y tiene dos características, que es directo y progresivo.

La Declaración de la Renta, que se puede hacer entre abril y junio de cada año, sirve para calcular y pagar este tributo. Como se trata de un impuesto complejo y con muchas excepciones, si no quieres complicarte y que se te apliquen todas las deducciones posibles, en Taxdown nos encargamos de asesorarte para que pagues lo justo.
La Agencia Tributaria cuenta con unas tablas de IRPF en función de las cuales las empresas retienen un porcentaje determinado a sus empleados en cada nómina. Pero además del sueldo bruto, también se tiene en cuenta la situación personal de cada persona, como por ejemplo, el número de hijos al cargo, si hay alguna discapacidad o la edad del contribuyente.
Esta retención se hace de dos formas distintas; o bien se prorratea entre 12 o 14 pagas al año o bien se aplican porcentajes crecientes o decrecientes a lo largo del año. Estas diferencias son las que hacen que el importe de lo que se percibe varíe. En cualquier caso, algunas personas están excluidas de la retención. La AT establece unos ingresos mínimos a percibir, que se ponen en relación con la situación familiar y el número de hijos. Si no se llega a estos, no hay obligación de pagar el impuesto. Los porcentajes de estas tablas pueden variar de un año a otro, ya que están sujetas a las modificaciones que se hagan en la ley
Pero dentro de lo que se percibe como trabajadores por cuenta ajena, también hay diferencias entre lo que percibimos. Así, son devengos salariales el sueldo bruto junto a los complementos, las horas extraordinarias, el salario en especie y las gratificaciones. Sin embargo, no son devengos, y por tanto no tributan, las indemnizaciones o los suplidos, como los gastos de desplazamiento o las comidas, las prestaciones por incapacidad temporal, desempleo parcial o mejoras voluntarias. Las indemnizaciones que sí tributan son las de despido, aunque la fiscalidad es diferente.
¿Y qué sucede cuando tenemos dos empleadores? En esta situación, las retenciones son menores y el resultado de la renta suele salir a pagar, lo que hace que la mayoría de personas trabajadoras se pregunten qué es el IRPF y cómo se les está aplicando. La respuesta es que cada empresa tiene en cuenta su propio salario, y como la retención puede prorratearse o aplicarse en porcentajes que varían, se termina produciendo un desajuste en el tributo.
Los trabajadores autónomos también tienen que realizar el anticipo del impuesto en los ingresos que perciben. Sin embargo, puesto que estos son variables y provienen de diferentes clientes, la AT cuenta con tablas para ellos en función de la actividad que desarrollen.
La retención que se aplica con carácter general es del 15% y debe incluirse en todas las facturas. Pero además de esta, hay otras específicas, como es el caso de los autónomos profesionales, los que tributan en módulos, los que se dedican a la actividad ganadera y agrícola y actividades forestales.
Los nuevos autónomos cuentan con una retención menor para ayudarles con su nueva actividad y favorecer una mayor liquidez. Aunque para poder acogerse a estas reducciones se debe cumplir con unos requisitos específicos.
En último lugar, se encuentran los autónomos a los que no se les aplican retenciones del IRPF. Se trata de empresarios que no son profesionales, es decir, que las actividades que realizan no están clasificadas dentro de la primera sección del Impuesto de Actividades o IAE, en el que se detallan las tarifas correspondientes.
El cálculo de los impuestos en la Declaración de la Renta es la operación más compleja a la que se enfrentan la mayoría de los habitantes ante el fisco cada año. Aquí explicamos qué rendimientos incluir.
La Declaración de la Renta tiene la finalidad de calcular si la persona tiene que pagar o recibir dinero en concepto del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Esto tiene sentido por varias razones, siendo estas las más importantes:

Por otro lado, los siguientes rendimientos cuentan a la hora de realizar la Declaración de la Renta porque variarán la cantidad a pagar o a devolver. Son los siguientes:
Los rendimientos del trabajo son los que se pagan por realizar una actividad por cuenta ajena. Este es el supuesto más habitual y la empresa suele retener un porcentaje del salario para abonarlo directamente a la Agencia Tributaria. En función del nivel de ingresos. se retendrá un porcentaje mayor o menor. Para ello, se utiliza como referencia la tabla anual de IRPF que publica el Ministerio de Hacienda.
La Declaración de la Renta obligará a incluir la suma de los rendimientos del trabajo correspondiente al ejercicio anterior. Eso sí, hay excepciones en algunos casos, sobre todo en relación con actividades laborales con empresas extranjeras. Si la cantidad es inferior a unos baremos, estarán exentas.
Los rendimientos de actividades económicas son los ingresos por actividades profesionales de los trabajadores por cuenta propia. Esto vale indistintamente para cualquier persona que esté inscrita en el RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) y gane dinero con su profesión. No en vano, hay que tener presente que hay muchos autónomos que no tienen sociedades instrumentales, de manera que esos gastos se incluyen directamente en el IRPF.
Cuando se calculan los rendimientos de actividades económicas, hay que restar los gastos que sean deducibles. El resultado ofrecerá la suma a pagar o a compensar en el ejercicio que corresponda.

Los rendimientos del capital inmobiliario son las rentas por inmuebles, locales comerciales o garajes. La idea es que por una propiedad inmobiliaria se genera un determinado valor. En este caso, se tiene que calcular el valor para comprobar cuánto corresponde declarar y se aplica una retención del 20 %.
A diferencia de otros casos, aquí no suele haber base a compensar. La única excepción se da cuando hay un inquilino moroso, un ocupa o que haya generado daños en la vivienda. En este caso, sí que se podría justificar alguna pérdida.
Los rendimientos del capital mobiliario son los intereses generados por los ahorros o los beneficios por acciones, participaciones, fondos de inversión, derechos de imagen u otros instrumentos financieros. La política habitual es la de retener un porcentaje, concretamente de entre el 20 y el 24 % en las ganancias de capital.
Ahora bien, en este supuesto es perfectamente posible que la base sea negativa. En este caso, no cabría pagar impuestos por este concepto. En tiempos de bonanza, es habitual la inversión en acciones y esta cuestión aporta un punto de complejidad.
Las ganancias o pérdidas patrimoniales son aquellas derivadas de la compra o venta de bienes rústicos o inmuebles. En función de cada caso, el porcentaje a aplicar será mayor o menor. La suma tiene que realizarse sobre el precio de origen y, aunque lo habitual es registrar una ganancia, también cabe la opción de que haya pérdidas. Hay excepciones para la venta de vivienda habitual en mayores de 65 años.
El IRPF, o Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, es la contribución que hacemos al Estado las personas que vivimos en España. Este impuesto se encarga de gravar lo que hayamos ganado durante el año, tomando en cuenta nuestras situaciones personales y familiares. En resumen, es el impuesto anual que pagamos según lo que hemos ganado.
El IRPF grava los ingresos personales, aplicando los principios de igualdad, generalidad y progresividad según las circunstancias de cada individuo. En el ámbito empresarial, las empresas deben gestionar y abonar las retenciones de IRPF a través de formularios como el Modelo 111, presentado mensual o trimestralmente. Anualmente, las empresas también deben presentar el Modelo 190, un informe detallado de bases y retenciones de empleados y profesionales. Tras presentar el Modelo 190 en enero, la empresa recibe un certificado de retenciones, obligatorio para que los empleados realicen su declaración de impuestos ante Hacienda.
Si tus ingresos anuales de un solo pagador no superan los 22,000 euros brutos, estás exento. Sin embargo, si tienes más de un pagador, la suma no puede ser mayor a 1,500 euros. En caso de superar esta cifra, tus ingresos totales por trabajo deben ser inferiores a 14,000 euros (12,000 euros en ejercicios anteriores y 15,000 euros a partir de 2023).
Los elementos que se han indicado anteriormente servirán para confeccionar la Declaración de la Renta. Como puedes ver, el cálculo de los impuestos en la Declaración de la Renta reviste una cierta complejidad, de manera que tienes que tener claro qué te corresponde.»
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